La controvertida estrategia holandesa contra el coronavirus: ¿enfoque inhumano o muerte digna?

“Cuarentena inteligente”...


| CORONAVIRUS | 04 de Abril del 2020

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La controvertida estrategia holandesa contra el coronavirus: ¿enfoque inhumano o muerte digna?

En los últimos días, estuvo circulando en algunos medios y en las redes sociales una explicación un tanto burda acerca de este fenómeno. La idea sería que los holandeses son seres inhumanos a los que solo les importa la economía, por lo cual optaron por sacrificar a los adultos mayores, a quienes dejarían morir en sus casas, abandonados. Esa imagen caricaturizada tiene poco que ver con la realidad. Pero hay diferencias culturales y políticas que explican por qué Holanda está encarando la pandemia con un enfoque distinto al de los países del sur de Europa.

“Cuarentena inteligente”

“La realidad es que en un futuro próximo, gran parte de la población holandesa se infectará con el virus (...) Podemos frenar la propagación y al mismo tiempo construir inmunidad grupal de forma controlada”, dijo el primer ministro Mark Rutte en un discurso televisado el 16 de marzo. La idea de la “inmunidad de rebaño” ya había sido esbozada por su par británico, Boris Johnson. El planteo no tiene nada de disparatado en términos teóricos. La hipótesis es que un confinamiento total de la población va a tener consecuencias devastadoras para la economía, con el agravante de que, cuando se levanten las medidas, se correría el riesgo de un rebrote, ya que pocos serían inmunes al virus.

Si, en cambio, se resguarda a los grupos de riesgo, y se permite que los jóvenes se contagien, con el tiempo, se podría desarrollar inmunidad colectiva. El problema de esa estrategia es que el coronavirus es tan contagioso y virulento que, en poco tiempo, puede enviar al hospital a miles e incluso matar personas jóvenes, aunque el promedio de edad de los muertos ronde los 80 años. Además, los epidemiólogos llegaron a la conclusión de que habría muchos menos decesos si se apelara a medidas más estrictas.

El primer ministro Mark Rutte habla en una conferencia de prensa en La Haya, el 19 de marzo (REUTERS/Eva Plevier/File Photo)

La evidencia forzó a Johnson —que terminó contagiándose— a volver sobre sus pasos y a imponer un confinamiento mucho más duro del que tenía planeado, aunque no tan drástico como el de España e Italia. También Rutte debió aclarar que la inmunidad de rebaño no era un objetivo de la política sanitaria holandesa, sino que podía ser un efecto secundario de la inevitable propagación del virus, y anunció nuevas proscripciones. Las primeras habían sido impuestas el 16, varios días más tarde que otros países europeos. Incluían el cierre de escuelas, universidades, bares, restaurantes, burdeles y museos, la prohibición de eventos masivos, la exigencia de mantener una distancia de un metro y medio en todos los lugares públicos y recomendaciones a la población para que trate de trabajar desde la casa.

Ante el avance de la pandemia, el Gobierno dio un paso más el 23 de marzo, en lo que definió como una “cuarentena inteligente”, para diferenciarla de la muy severa que se ejecuta en otros lugares. Decretó el cierre de peluquerías y de otros negocios en los que es imposible mantener la distancia —aunque autorizó que sigan abiertos aquellos en los que sea posible— y extendió las medidas del 6 al 28 de abril.