Mucho antes de Trump, el juicio político se cernió sobre varios presidentes


| ESPECIALISTAS | 03 de Diciembre del 2019

Comparta esta Noticia


Mucho antes de Trump, el juicio político se cernió sobre varios presidentes

Mientras el presidente George Bush se preparaba para ordenar el envío de tropas estadounidenses a la guerra a fin de sacar a los invasores iraquíes de Kuwait, temió que aquello pudiera poner fin a su presidencia. “Si se prolonga, no solo me culparán por ello, sino que probablemente inicien procedimientos para un juicio político en mi contra”, escribió en su diario el 20 de diciembre de 1990.

ARCHIVO - El presidente George Bush repasa un discurso sobre el Estado de la Unión, días antes de que comenzaran las operaciones militares en Irak, en la Casa Blanca en Washington, el 25 de enero de 1991.Rl Jucio político ha servido como un elemento disuasivo que los presidentes han tenido que considerar al tomar decisiones que atravesaron un territorio cuestionable; a Bush le preocupaba que la guerra pudiera conducir a su impugnación. (Paul Hosefros/The New York Times)

Once días después, en una carta a sus hijos, citó a un senador demócrata que le dijo: “Si esto se prolonga es posible que algunos en el Congreso presentemos una solicitud de juicio político”. El día que la guerra comenzó, un congresista demócrata hizo justo eso, ya que presentó una resolución para iniciar un juicio político en su contra, acusándolo de “conspirar para cometer delitos contra la paz".

Por suerte para Bush, la guerra fue relativamente corta y los esfuerzos para enjuiciarlo políticamente perdieron impulso. No obstante, estuvo lejos de ser el único presidente en preocuparse. Aunque el presidente Donald Trump es solo el cuarto comandante en jefe en la historia estadounidense en enfrentar una amenaza de juicio político seria, dicha posibilidad se cernió sobre muchos de sus predecesores, fue una preocupación inquietante en la mente de algunos y una espada de Damocles constitucional para otros.

El juicio político ha servido no solo como medio para destituir del cargo a un presidente corrupto, como se señala en la Constitución; de hecho, nunca ha cumplido ese propósito. Los presidentes Andrew Johnson y Bill Clinton fueron impugnados, o sometidos a un juicio político, en la Cámara de Representantes, pero luego durante el juicio en el Senado se les absolvió, en tanto que el presidente Richard Nixon renunció antes de que el pleno de la Cámara de Representantes pudiera votar. No obstante, el juicio político ha servido como un freno, una consecuencia que los presidentes tenían presente al momento de tomar decisiones que rayaban en lo cuestionable.

Se ha acusado a presidentes de delitos mayores y menores por conducirse de manera inadecuada o por promover políticas controvertidas. Han sido motivo de impugnación por abusar de su poder, ocultarle información al Congreso y proveer un mal liderazgo moral. Han sido amenazados con la destitución por violar órdenes judiciales, leyes estatutarias, la Constitución e incluso la Carta de las Naciones Unidas.

Además de Johnson, Nixon, Clinton y ahora Trump, los legisladores han presentado resoluciones formales de juicio político en contra de por lo menos otros siete presidentes, lo cual quiere decir que uno de cada cuatro ocupantes de la Casa Blanca ha enfrentado acusaciones de delitos mayores y menores, mientras que en el caso de otros quedó solo en amenaza. La mayoría de las veces, el esfuerzo no supuso una amenaza seria. Pero como sucedió con Bush, de cualquier manera, puede pesar sobre ellos.

“A todos los presidentes les preocupa su legado y eso los lleva a preocuparse por el hecho de que un juicio político sea una posibilidad”, comentó Michael Gerhardt, profesor de derecho constitucional de la Universidad de Carolina del Norte. “A menudo, eso los lleva a estar muy atentos de las conductas inadecuadas, y algunas veces lo son y otras no”.

Tal como lo concibieron los constituyentes, el juicio político nunca tuvo la intención de remediar la incompetencia ni las diferencias políticas, como puede suceder con una moción de censura en el sistema parlamentario, pero se reservó para delitos mayores en contra de la República. Sin embargo, los constituyentes nunca explicaron con exactitud que querían decir con ello, de tal modo que cada generación, en efecto, lo ha redefinido.

El primer esfuerzo formal para someter a juicio político a un presidente se dio en 1843, cuando un miembro de la Cámara de Representantes presentó una resolución mediante la cual solicitaba una investigación en contra del presidente John Tyler por “el abuso arbitrario, despótico y corrupto del poder de veto”, después de que dicho mandatario rechazó dos proyectos de ley de aranceles que respaldaba su propio partido, el Partido Whig (llamado así por analogía a los “whig” británicos, el antiguo nombre del Partido Liberal británico, y que en Estados Unidos era de oposición en el siglo XIX).

El enfrentamiento puso a prueba la legitimidad de Tyler. Fue el primer vicepresidente en convertirse en jefe del ejecutivo luego de que el mandatario William Henry Harrison murió tras un mes en el cargo y Tyler no tenía el apoyo sólido de ningún partido político. El pleno de la Cámara Baja votó la cuestión y rechazó la resolución con 127 votos a favor y 83 en contra.

Al igual que Johnson, Nixon enfrentó un juicio político antes de Watergate. Se presentaron tres resoluciones en su contra en 1972 en las que se le acusaba, entre otras cosas, de romper las negociaciones de paz para poner fin a la guerra de Vietnam y de intensificar la guerra aérea. Ninguna prosiguió y Nixon fue reelecto.

No obstante, a lo largo del año siguiente se presentaron diecisiete resoluciones más centradas en su guerra secreta en Camboya, el despido del fiscal de Watergate y la intervención ilegal de los teléfonos de periodistas y críticos. Posteriormente, se presentaron veinte resoluciones más. No obstante, cuando la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes a fin de cuentas aprobó tres artículos en su contra, los legisladores los centraron en Watergate.

El presidente Ronald Reagan estuvo bajo la amenaza del juicio político en dos ocasiones. Ocho miembros de la Cámara Baja presentaron una resolución para impugnarlo en 1983 por invadir Granada, cuestión que se envió a una comisión y nunca pasó a mayores. Cuatro años después, el representante demócrata de Texas Henry González presentó seis artículos de impugnación derivados del escándalo Irán-Contra o Irangate. La Casa Blanca temió que el juicio político fuera un peligro real, pero los líderes demócratas del Congreso decidieron no proceder para evitar un enfrentamiento divisorio.

El mismo González presentó una resolución para iniciar un juicio político en contra de Bush el 16 de enero de 1991, cuando comenzaba la guerra del golfo Pérsico, luego propuso una segunda resolución un mes después. Ninguna avanzó.

Clinton, al igual que Johnson y Nixon antes de él, fue objeto de un juicio político en más de una ocasión. Dieciocho miembros de la Cámara de Representantes presentaron una resolución que pedía una investigación en 1997, un año antes de que el fiscal independiente Ken Starr presentara el informe que condujo al juicio político de Clinton por perjurio y obstrucción de la justicia con el fin de ocultar un amorío con una exbecaria de la Casa Blanca.

El presidente George W. Bush enfrentó esfuerzos provenientes de demócratas que no pertenecían a ninguna comisión para impugnarlo a causa de la invasión de Irak con base en los que resultaron ser informes falsos de que Bagdad tenía armas no convencionales. Para el último año de Bush en el cargo, un opositor demócrata había reunido tantas quejas que presentó 35 artículos de impugnación, incluido uno por no responder de manera adecuada al huracán Katrina; estos artículos se enviaron a una comisión, pero nunca prosperaron.

Algunos republicanos conservadores hablaron sobre impugnar al presidente Barack Obama por todo, desde el asalto al consulado estadounidense en Bengasi hasta la teoría de la conspiración sobre su lugar de nacimiento, sin que dichas intenciones llegaran a más. No obstante, Obama se enfrentó a la posibilidad más cercana en 2013, cuando consideró un golpe militar contra Siria para responder a un ataque a civiles con armas químicas, un factor que influyó en su decisión de abortar dicho plan. Unos meses después, la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes sostuvo una audiencia en la cual los republicanos debatieron someter a Obama a un juicio político, aunque no llegaron a nada.

Muy pocos presidentes electos enfrentaron rumores de juicio político de manera tan temprana como Trump. Días después de su elección en 2016, comenzaron las especulaciones debido a sus muchos problemas éticos. Trump ahora se queja de que los demócratas han tratado de actuar en su contra desde el comienzo y solo están usando la cuestión de Ucrania como un pretexto; sus opositores dijeron que Trump ha violado las normas tantas veces que él mismo se lo buscó.

En cualquier caso, este momento podría reverberar en muchos de sus predecesores. “Siempre que haya un presidente que se pase de la raya —y Trump lo ha venido haciendo desde el primer día— este va a llegar demasiado lejos y va a haber resistencia”, explicó Gerhardt. “Un juicio político es el fondo de toda resistencia”.