Murió “Tata” Brown, una leyenda del futbol que hizo historia en el México 86


| DEPORTES | 13 de Agosto del 2019

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Murió “Tata” Brown, una leyenda del futbol que hizo historia en el México 86

En una de esas estrategias indetectables a los ojos de los millones de espectadores que siguen la final de un Mundial, en este caso la de México 86, el entrenador de Alemania, Franz Beckenbauer, envió al campo de juego del Azteca a un delantero torpe con la pelota pero portentoso en el juego aéreo y en las asperezas físicas: Dieter Hoeness. A falta de media hora, y con Argentina ganando 2-0, una de las misiones que el macizo alemán debía cumplir era chocar al líbero argentino, José Luis Brown, cada vez que éste les daba al resto de los defensores albicelestes la orden de salir a provocar el off side en las jugadas de pelota detenida.

 

La estrategia funcionó no sólo porque Alemania llegaría al 2-2 parcial sino también porque Hoeness, en efecto, partió como una locomotora para toparse con Brown cuando un compañero ejecutaba un centro y le provocó una luxación en el hombro. El médico argentino, Raúl Madero, le advirtió al entrenador Carlos Bilardo que Brown no podría seguir pero el bravo Tata —apodo de campo, acorde a su Ranchos local, un pueblo de 8.000 habitantes en la Pampa Húmeda— hizo una de gauchos: se mordió la camiseta, le hizo un agujero a la albiceleste y metió el dedo para que el brazo no le quedara suelto. Así, con la mitad de su tronco superior inmovilizado, se consagraría campeón del mundo tras el agónico triunfo 3-2 de Argentina, el último Mundial ganado por su país.

La muerte de Brown el lunes por la noche en La Plata, a 60 kilómetros de Buenos Aires, víctima a sus 62 años de una enfermedad neurodegenerativa que lo afectaba desde hacía varios meses, fue también la despedida de un tipo normal —si se puede llamar corriente a un futbolista que se mantuvo 15 años en la alta competencia— que tuvo un día extraordinario. Brown no era un fenómeno —más bien era un jugador de poca técnica, aunque muy astuto para orientarse tácticamente y dirigir a sus compañeros, como un director de orquesta de la defensa— pero aquel 29 de junio de 1986 consiguió más que varios fenómenos juntos: se convirtió en uno de los 65 jugadores que marcaron al menos un gol en una final del mundo.