A 57 años del asesinato de John F. Kennedy, el dramático testimonio de un médico que estuvo con él

Joe Goldstrich hacía sus primeras prácticas en el Hospital Memorial de Parkland...


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A 57 años del asesinato de John F. Kennedy, el dramático testimonio de un médico que estuvo con él
-> Kelly M. Vasquez <-
22 de Noviembre del 2020

El 22 de noviembre de 1963 Joe Goldstrich hacía su residencia en el Hospital Memorial de Parkland, en Dallas. Con los años se iba a especializar en cardiología, pero en aquel momento cumplía una rotación en neurocirugía, con Kemp Clark, titular de la práctica en ese hospital de Texas. Goldstrich —que hoy tiene 82 años— aprovechaba el horario del almuerzo para estudiar en la cafetería porque ese día posiblemente tendría que hacer una traqueotomía por primera vez en alguien vivo, cuando apenas pasadas las 12:30 del mediodía hubo una llamada de emergencia para el equipo de Clark.

Goldstrich subió corriendo los seis pisos hasta la habitación del paciente que podía estar necesitando, anticipadamente, la traqueotomía: cuando abrió la puerta de un golpe no sólo no lo encontró ahogándose sino que leía, plácidamente, una revista.

—¡Gracias a dios que usted está bien! Hubo una llamada de emergencia para el doctor Clark y pensé que podría haber sido usted. Disculpe. Qué bueno que está bien.

—Sí, sí. Yo estoy bien. No tengo idea qué puede ser. Acaso tenga que ver con eso —dijo, y señaló hacia la calle, al otro lado de una ventana

Goldstrich se acercó y miró hacia abajo. Vio la caravana presidencial, con confusión: la visita de John F. Ken

Goldstrich se acercó y miró hacia abajo. Vio la caravana presidencial, con confusión: la visita de John F. Ken

¿Se dio cuenta de que el paciente era Kennedy? —le preguntó 

"Goldstrich, neurocirugía”, le dijo al agente del Servicio Secreto, e ingresó a la sala de emergencia al mismo tiempo que JFK llegaba en una camilla.

Supe que era Kennedy. No recuerdo exactamente cómo, pero lo supe.

“Así arruinaron la prueba forense”

Goldstrich ayudó a pasar al presidente de los Estados Unidos, que yacía inconsciente, de la camilla de transporte a la mesa de exámenes. También ayudó a desvestirlo, y en eso estaba todavía —no habían pasado dos minutos— la sala se había llenado de médicos y cirujanos, entre ellos James Carrico, el primero en tratar a Kennedy y acaso el testimonio más famoso que se dio ante la Comisión Warren que investigó el magnicidio.

Con las lecturas sobre traqueotomía frescas en su cabeza, Goldstrich observó el hueco en el cuello del presidente, que no podía respirar ni siquiera con una máscara de oxígeno. Tenía el tamaño de una moneda de 10 centavos, la más pequeña. “Yo no sabía nada de balística, así que no tenía idea de si era una lesión de entrada o de salida, y ni siquiera se me cruzó por la cabeza el asunto”, dijo a O’Shaughnessy’s. Vio que los médicos superiores en rango ponían un instrumento para estirarlo y observar, y llegó a ver el cartílago de la tráquea. Como se había preparado para una traqueotomía, su primer instinto fue usar el mismo hueco para entubar a Kennedy.

Sin embargo, no dijo nada. Los demás médicos practicaron una incisión y ampliaron la herida para colocar un tubo, “y así arruinaron la prueba forense: el informe de patología nunca reflejó el aspecto que tuvo el hueco en el momento en que Kennedy llegó al hospital, agregó. “Pero yo era el junior, esos médicos eran mis profesores”.


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