La paradoja Bob Marley: el mestizo que sedujo a los blancos


| FARANDULA | 07 de Febrero del 2020

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La paradoja Bob Marley: el mestizo que sedujo a los blancos

22 de abril de 1978. Kingston, Jamaica. Más de 30.000 espectadores abarrotan el Estadio Nacional. Se está celebrando el One Love Peace, un gran concierto de reggae organizado con la intención de reconciliar a las dos facciones políticas del país –el socialista Partido Nacional del Pueblo (PNP) y el conservador Partido Laborista de Jamaica (JLP)–, que llevan años enfrentándose en las calles en una sangrienta guerra urbana. A medianoche, tras siete horas de concierto, apareció en el escenario Bob Marley. El gran ídolo local llevaba desde 1976 exiliado en Londres tras haber sufrido un atentado en su casa de Kingston. Marley cantó sus grandes éxitos y lanzó proclamas en pos de la paz y la concordia. También consiguió un pequeño milagro: subió al escenario a los dos políticos rivales, Michael Manley (PNP) y Edward Seaga (JLP), y se fundió con ellos en un emocionado apretón de manos.

A la izquierda, Michael Manley, líder político del PNP, y a la derecha Edward Seaga, del JLP.

A la izquierda, Michael Manley, líder político del PNP, y a la derecha Edward Seaga, del JLP.

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, el gesto no tuvo la trascendencia política esperada. Al día siguiente, las dos facciones siguieron matándose en las calles. Sí tuvo, en cambio, un poderoso impacto simbólico. Marley pasó de ídolo musical y apóstol del rastafarismo –un movimiento espiritual surgido en los barrios marginales de Kingston que buscaba la liberación de los afro-jamaicanos– a referente social. Recibió la Medalla de la Paz de Naciones Unidas y se convirtió en un icono del pacifismo y la lucha por los derechos civiles.

“One love, one heart”

Esa imagen del cantante entre los dos líderes políticos rivales ejemplifica muy bien el lugar que ocupó Marley en la sociedad jamaicana. Desde su nacimiento el 6 de febrero de 1945 en Nine Mile (Saint Ann), una aldea al norte de la isla, Robert Nesta Marley se sintió siempre navegando entre dos aguas. Su padre era un militar de ascendencia inglesa y su madre una sirvienta afro-jamaicana. Por lo tanto, a ojos de una sociedad tan polarizada racialmente como la jamaicana, Marley no era ni blanco ni negro.

Durante su juventud en el gueto de Trench Town, en Kingston, adonde se trasladó con su madre a finales de los cincuenta (su padre se desentendió de ellos), Marley sufrió las burlas y el desprecio de sus vecinos por su origen mestizo. “No me posiciono ni del lado de los blancos ni del de los negros”, solía decir en las entrevistas. “Me inclino hacia el lado de Dios”. En realidad, como se traduce de las letras antirracistas y panafricanistas de sus canciones, se sentía más cercano a la comunidad afro-jamaicana a la que pertenecía.

Como artista, le ocurrió algo parecido. Marley componía música con raíces negras, pero fuera de Jamaica la escuchaban fundamentalmente los blancos. Para los más puristas, sus canciones más exitosas, las que compuso a partir de mediados de los setenta, son el reflejo de esa paradoja: música jamaicana negra pero convenientemente procesada y envasada para ser consumida en el mercado del rock blanco.

Bob Marley, en el fotograma de un documental sobre su figura.

Bob Marley, en el fotograma de un documental sobre su figura. 

Sea como fuere, negra o blanca, pura o impura, lo cierto es que Bob Marley se convirtió en la primera estrella mundial de la música surgida de un gueto del Tercer Mundo. Acompañado de la banda The Wailers y el coro femenino I-Threes, en el que se encontraba su esposa Rita, el cantante llevó el reggae –un género genuinamente jamaicano que fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2018– a todos los rincones del planeta.

Canciones como Could You Be Loved, No Woman, No Cry, One Love o Get Up, Stand Up, por decir algunas de las más conocidas (es sorprendente la cantidad de temas de Marley que uno puede tararear aun sin ser aficionado al reggae), se han convertido en clásicos de la música popular. Su álbum recopilatorio Legend (1984), publicado después de su muerte, continúa siendo uno de los discos más vendidos de la historia.