Frozen 2, una secuela madura que esconde un mensaje sobre el miedo a la madurez y la satisfacción propia


| CINE | 23 de Noviembre del 2019

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Frozen 2, una secuela madura que esconde un mensaje sobre el miedo a la madurez y la satisfacción propia

Las princesas Disney hace tiempo que dejaron de ser damiselas en apuros. Eso de necesitar que un príncipe las rescate quedó en el pasado desde que La Sirenita (1989) abriera el camino a cuentos donde ellas son protagonistas de sus historias sin ayuda de un príncipe encantador. Pero lo que consigue Frozen 2, siendo una secuela animada, es de otro mundo. Al menos, del mundo del cine animado al que Disney nos tenía acostumbrados.

© 2019 Disney. All Rights Reserved.

 

Frozen (2013) convirtió al príncipe de la historia en el villano e hizo que las hermanas protagonistas fueran dos princesas jóvenes desafiándose a sí mismas. El resultado fue un fenómeno mundial. Los más pequeños tenían a Olaf y Sven para entretenerse y dos princesas coloridas cantando canciones poderosas; mientras los adolescentes y adultos encontraban una trama redonda sobre la familia y la autosuperación. ¡Cómo olvidar el furor de Let it go! Los directores Chris Buck y Jennifer Lee (guionista también) se pusieron el listón tan alto que yo fui de las muchas que dudaron si la secuela lograría superar o hacer justicia a aquel fenómeno. Después de todo, en infinidad de ocasiones hemos sido testigos de que superar un éxito cinematográfico con una continuación es quizás la tarea más difícil que puede proponerse Hollywood (más frecuentemente de lo que debería).

Pero fueron listos. No se apresuraron. Mientras el marketing cumplía su parte manteniendo el fenómeno a flote, Jennifer Lee se tomó su tiempo para escribir el guion. Y así pasaron varios años, seis para ser exactos desde el estreno de la cinta original, y el resultado demuestra que el esfuerzo y la espera ha merecido la pena. En estos seis años, Lee ha crecido como cineasta y ha escalado posiciones en la empresa siendo ahora mismo la jefa creativa de Walt Disney Animation. La experiencia hizo mella en ella y en su talento como contadora de historias. Y esa voz de la experiencia, como mujer, madre y profesional se nota en los avances que encontramos en Frozen 2. Porque no estamos ante una secuela al uso, de aventura sin más que pretende repetirse, sino de un verdadero drama femenino.

Aquí la historia y la profundidad de los personajes alcanzan niveles de un drama de acción real, dando más a los adolescentes y adultos que a los pequeños de la casa. Y es que esos niños que se obsesionaron con Frozen en 2013 ahora ya son preadolescentes, adolescentes o jóvenes adultos. Han crecido, y lo mismo hicieron los personajes. Sin olvidar que ahora son espectadores exigentes que se han acostumbrado a la calidad de las historias que (afortunadamente) ha provocado la competencia entre servicios streaming, así como la taquilla contra el streaming. Y aquí tienen un verdadero drama de personajes redondos, actos dramáticos, más canciones pegadizas y algún que otro guiño para el fan. Mientras Olaf hace lo suyo manteniendo la atención de los peques.

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Lo primero que diferencia a Frozen 2 de otras historias animadas es que sus protagonistas reflejan el paso del tiempo. Anna luce más adulta, aunque mantiene su inocencia burlona, y mantiene una relación estable con Kristoff (que se roba el espectáculo con una canción a modo de videoclip de sex symbol pop de los 90. Un momentazo). Mientras Elsa cumple su labor como reina, aunque sigue sintiendo que no pertenece del todo en el trono. Que hay algo dentro de ella que no está completo. Existe un momento en el tráiler que sirve para comprender a lo que me refiero, cuando Anna le pregunta a Kristoff si nota algo raro en su hermana. A lo que él responde: “La veo en su línea”. Como si todos dieran por sentado que así es Elsa. Misteriosa, reservada y hasta un poco deprimida. Lo mismo que puede sentir cualquier ser humano cuando no se siente satisfecho, cuando acarrea una lucha interna que no consigue descubrir o solventar. Cuando aplasta la necesidad primitiva de cumplir un deseo personal que las responsabilidades no nos dejan afrontar. En ese punto encontramos a Elsa al inicio de la historia: atrapada en su rol y sin compresión propia.